জামায়াতে Extremism: আক্বীদা, রণনীতি ও বাংলাদেশের রাজনৈতিক দৃশ্যে পার্থক্য কী?
· By Jacche.com Staff

বাংলাদেশে Islāmic politics siempre ha sido un terreno de debate intenso, sobre todo cuando se habla de la diferencia entre partidos políticos como Jamaat-e-Islami Bangladesh y grupos extremistas que recurren a la violencia. Este artículo examina las aqīdah (creencias doctrinales), las estrategias y los antecedentes históricos que distinguen a ambas corrientes, ofreciendo una visión equilibrada para lectores globales interesados en la política surasiática.
Contexto histórico: de la fundación a la actualidad
Jamaat-e-Islami fue fundada en 1941 en el subcontinente indio por Abul A’la Maududi, con el objetivo de establecer un estado basado en la sharía mediante medios democráticos y educativos. Tras la partición de 1947, la rama bangladesí se estableció oficialmente en 1975, aunque sus raíces se remontan a la época pakistaní.
Durante la Guerra de Liberación de 1971, Jamaat apoyó al régimen pakistaní y se opuso a la independencia de Bangladesh, una postura que posteriormente le valió acusaciones de colaboración con fuerzas de ocupación. Este episodio marcó una profunda grieta en su legitimidad nacional.
En contraste, los grupos extremistas que surgieron en Bangladesh a partir de principios de los 2000 — como Jamaatul Mujahideen Bangladesh (JMB), Ansarullah Bangla Team y más recientemente Islamic State – Bangladesh Province — adoptaron una interpretación yihadista de la sharía, abogando por la lucha armada, el takfir (declarar a otros musulmanes como infieles) y la instauración de un califato mediante la violencia.

Diferencias doctrinales fundamentales
1. Enfoque hacia el estado y la ley
Jamaat sostiene que la sharía debe implementarse mediante reformas constitucionales y participación electoral. Su manifiesto de 2018 enfatiza “el estado islámico como un contrato social basado en la consulta (shura) y el respeto a los derechos de las minorías”. En cambio, los extremistas rechazan cualquier marco constitucional que no sea una aplicación literal y punitiva de la sharía, considerando la democracia como kufr (infidelidad).
2. Métodos de acción
Mientras Jamaat se dedica a la dawah (predicación), el trabajo social y la política electoral, los grupos yihadistas recurren a atentados con explosivos, asesinatos selectivos y propaganda en línea para sembrar terror. Los ataques de 2015 contra editores seculares y la matanza de 2016 en el café Holey Artisan en Dhaka son ejemplos claros de esta estrategia violenta.
3. Concepto de takfir y takfirismo
Jamaat rechaza el takfir indiscriminado y mantiene alianzas tácticas con partidos seculares cuando considera que sirve al interés nacional (por ejemplo, su alianza con el BNP en 2001). Los extremistas, por su parte, declaran takfir a gobiernos, fuerzas de seguridad y incluso a musulmanes que no siguen su interpretación, justificando así la violencia contra ellos.
4. Relación con lo internacional
Jamaat mantiene vínculos con la red global de Jamaat-e-Islami (presente en Pakistán, India, Sri Lanka, etc.), pero insiste en la autonomía nacional y rechaza afiliaciones a redes terroristas transnacionales. Los grupos extremistas bangladesíes, en cambio, han jurado lealtad a organizaciones como Al‑Qaeda y el Estado Islámico, recibiendo financiación y entrenamiento externo.
Desarrollos recientes y respuesta estatal
En 2013, el gobierno de Sheikh Hasina prohibió a Jamaat-e-Islami bajo la Ley de Partidos Políticos, argumentando que había cometido crímenes de guerra durante 1971. La decisión fue ratificada por el Tribunal Supremo en 2014, aunque el partido continúa operando a través de afiliaciones simbólicas y actividades sociales.
Tras una ola de ataques extremistas entre 2014 y 2016, el gobierno lanzó una campaña de contra-terrorismo que resultó en la detención de miles de sospechosos y la desarticulación de células de JMB y Ansarullah. Según un informe de Human Rights Watch (2017), aunque las medidas redujeron la violencia, también generaron preocupaciones sobre derechos humanos y procesos judiciales.
En 2022, el Ministerio del Interior de Bangladesh publicó un white paper que distinguía explícitamente entre “partidos políticos islámicos que operan dentro del marco constitucional” y “grupos extremistas que violan la ley y amenazan la seguridad nacional”. El documento citó a Jamaat como ejemplo del primero, siempre que renunciara a la violencia y respetara la constitución.
No obstante, analistas de BBC News (2023) advierten que la línea entre el activismo político islámico y la radicalización puede ser porosa, especialmente cuando factores socioeconómicos y percepciones de marginalización alimentan el reclutamiento por parte de grupos yihadistas.
Conclusión: hacia una comprensión matizada
La distinción entre Jamaat-e-Islami y los extremistas en Bangladesh no es meramente académica; tiene implicaciones directas para la estabilidad democrática, los derechos humanos y la lucha contra el terrorismo. Mientras Jamaat busca influir en el Estado mediante la participación política y la obra social, los extremistas rechazan cualquier compromiso con el orden constitucional y optan por la violencia como medio para alcanzar sus fines.
Para los responsables de políticas y la comunidad internacional, reconocer esta diferencia es esencial: apoyar canales legítimos de participación islámica puede reducir el atractivo de la narrativa yihadista, mientras que una represión indiscriminada corre el riesgo de empujar a simpatizantes moderados hacia el extremismo.
En última instancia, el futuro de la política islámica en Bangladesh dependerá de la capacidad de sus actores — tanto políticos como de la sociedad civil — para fomentar un espacio donde la fe pueda expresarse pacíficamente, dentro de los límites de la ley y el respeto al pluralismo.
